La mente hace un debate con el miedo,
el sudor se equivoca y creyendo que es invierno
abre un surco frío en la nuca.
Una aguja sin descanso persigue a la otra,
ronda eterna, amasijo de actuaciones incoherentes.
Las palabras se ahogan, se hunden sin remedio
ya no luchan por saberse necesarias
ya no intentan advertir que es lo que sienten
sólo callan y así el silencio se rompe
y se esfuma el verano de su vida
y las flores se le borran de la mente.
Y el encierro se le figura un abismo
un lugar en el que ya nada se siente.
Porque la ronda de las agujas seguirá siendo eterna,
y el amasijo ya por siempre será coherente.