viernes, 4 de enero de 2013
soledad gris
soledad
un vacío acunándose en la palma de tu mano
tus venas de humo
tu sonrisa roba sepia y silencio
al atardecer
mirada sombría
el recuerdo de tu nombre
la tinta que esquiva tus dedos
mirada urgente
y tristeza
un pájaro sin color en la voz
tu corazón desvelado
tus acordes rasgan la noche y el miedo
tu desolación roja
el mar oculto en tus ojos
el cielo arrastra un final claroscuro
y el silencio
se posa en tu hombro
sabor gris de un sueño
dentro de otro
miércoles, 15 de febrero de 2012
La Sentencia
La mente hace un debate con el miedo,
el sudor se equivoca y creyendo que es invierno
abre un surco frío en la nuca.
Una aguja sin descanso persigue a la otra,
ronda eterna, amasijo de actuaciones incoherentes.
Las palabras se ahogan, se hunden sin remedio
ya no luchan por saberse necesarias
ya no intentan advertir que es lo que sienten
sólo callan y así el silencio se rompe
y se esfuma el verano de su vida
y las flores se le borran de la mente.
Y el encierro se le figura un abismo
un lugar en el que ya nada se siente.
Porque la ronda de las agujas seguirá siendo eterna,
y el amasijo ya por siempre será coherente.
viernes, 3 de febrero de 2012
tinta
Todos los sueños nacen entre rejas, tras los párpados, en la desolación. Los vislumbrás con miedo, tus ojos vadeando la oscuridad.
miércoles, 1 de febrero de 2012
lluvia
Nadie lo recordaba, su cuerpo estaba mudo e inerte bajo la lluvia. Aquella música en monocromo buscaba reanimarlo, parpadeando en sus venas como una pequeña luz.
La figura solitaria se acerca a oír la música entre las risas de los que no comprenden. A veces es un sueño de humo. A veces es suficiente.
sábado, 21 de enero de 2012
espejos rotos
domingo, 15 de enero de 2012
Espejos
La mano del hombre acompañaba a la suya. Subía y bajaba en lentas repeticiones. -Hace lo que quiere- pensó abrumado. El hombre le respondió desde muy lejos, desde algún lugar perdido -Ya no volveré a ser yo-. No soportaba verlo, la imagen le dolía. Aquello que el hombre le devolvía lo llevaba hasta donde nadie quiere ir, a lo más bajo de su entendimiento. –Sólo hace falta un movimiento para terminarlo- le dijo el hombre desde dónde estaba, y el estuvo de acuerdo –Sólo uno-. Golpeó con fuerza al hombre y éste se rompió. Tomó un pedazo, un trozo de esa mano que subía y bajaba con la suya y al clavarlo en su muñeca, él también se rompió. El movimiento estaba hecho.
Lu Salis.