domingo, 15 de enero de 2012

Espejos

La mano del hombre acompañaba a la suya. Subía y bajaba en lentas repeticiones. -Hace lo que quiere- pensó abrumado. El hombre le respondió desde muy lejos, desde algún lugar perdido -Ya no volveré a ser yo-. No soportaba verlo, la imagen le dolía. Aquello que el hombre le devolvía lo llevaba hasta donde nadie quiere ir, a lo más bajo de su entendimiento. –Sólo hace falta un movimiento para terminarlo- le dijo el hombre desde dónde estaba, y el estuvo de acuerdo –Sólo uno-. Golpeó con fuerza al hombre y éste se rompió. Tomó un pedazo, un trozo de esa mano que subía y bajaba con la suya y al clavarlo en su muñeca, él también se rompió. El movimiento estaba hecho.

Lu Salis.

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